Literatura y trabajo

    24/08/2017. Juan Jorganes

    Cuando Isaac Rosa publicó La mano invisible (2011), llamó la atención que el trabajo estuviera presente no sólo como tema de la novela sino en cada una de las páginas y se destacó su ausencia en la narrativa española más reciente. Si ocupa una parte fundamental de las vidas reales, ¿cómo es posible que desaparezca de las vidas de ficción? El trabajo solo forma parte del atrezo, como el mobiliario, el vestuario o la escenografía, en unas ocasiones, y en otras muchas, ni siquiera sabremos cómo se ganan la vida los personajes.

    La mano que trabaja es invisible y los conflictos relacionados con el trabajo también no sólo en la narrativa española sino en los medios de comunicación. Su narración de la realidad social se estanca mes tras mes en las cifras oficiales del aumento o disminución de las listas del paro. Esa información, como toda la relacionada con la economía, sigue el mismo patrón que la meteorológica, en la que los frentes fríos, las borrascas o lo anticiclones se suceden por causas naturales.

    Desde los años ochenta la ideología neoliberal, triunfante entonces y hoy dominante, consideró los conflictos laborales inoportunos, en el mejor de los casos, y trasnochadas las organizaciones de los trabajadores, es decir, los sindicatos. El trabajador, individual y colectivamente, dejó de ser imprescindible porque el beneficio del capital y de quien lo poseía, el capitalista, se convirtió en lo único importante. El beneficio justificaba los medios. Así, el cierre de una fábrica aquí se puede justificar porque allí gana más. Trabajadores prescindibles, responsabilidad social nula.

    Revista Fundación 1 Mayo [78] Ver texto completo en PDF

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